Yoenny es un conductor de Lyft (algo como Uber) en Houston, Texas, USA; de origen cubano en sus 40’s con una complexión robusta y de 1.80 mts de estatura; hasta el momento según sus palabras “no ha conocido el sueño americano”.

Le conocí en una de mis entrevistas involuntarias; siempre me sucede, tengo que admitir; o es mi naturaleza de periodista, o es que algo sucede que las personas “me sueltan la sopa”, me cuentan cosas interesantes pues.

Su residencia americana no fue producto del azar; en realidad fue una búsqueda constante.

Tres intentos fallidos para salir de la isla no fueron suficientes, una ocasión atrapado en Bahamas, otra en una isla diversa y en la tercera ocasión, muy frustrante, a unos kilometros de tocar base en costas americanas se le ponchó la lancha.

El régimen tiene muy bien controlado no sólo el sistema de salidas, sino que si alguien se ve medio hablando de ideas rebeldes o con insinuaciones negativas hacia el mismo sistema, en ese momento, alguien que puede obtener beneficios a través de ello, delata al “insurgente” y así se acaba el problema para ellos, suprimiendo la libertad de expresión.

La promesa de Yoenny era que, de no llegar a Estados Unidos antes de los 40, no intentaría irse más de la isla.

La cuarta ocasión salió rumbo a la Guyana Francesa con su pasaporte, a pesar de su pasado, la migración de su país no lo detuvo por un convenio que tienen con ese territorio y porque al mismo tiempo tendría que atravesar 14 territorios para poder llegar a USA; seguramente pensaron “este amigo no va muy lejos, no se atrevería”.

Sucedió que lo primero que hizo fue llegar a Brasil, para después hacer lo posible para llegar desde ahí hasta Panamá.

Como si los astros se hubieran alineado para Yoenny por ese entonces surgió una estrategia de cooperación entre el gobierno de USA, México y Panamá para poner en territorio estadounidense a más de tres mil cubanos, otorgándoles su estancia por medio de un vuelo desde Panamá a Cd. Juárez, Chihuahua, México y de ahí a El Paso, Texas, y en efecto así sucedió.

Cerraron el puente fronterizo para que el colectivo de migrantes fuera llevado a realizar la operación de libertad; cuando llegaban a punto de cruzar la línea les preguntaban si tenían dinero y a donde llegar y si no era así, les brindaban un albergue en una iglesia; en el caso de Yoenny fueron positivas las respuestas; así fue que le dieron la bienvenida a su nuevo país “vaya a donde quiera” le dijeron.

Fueron 3 meses los que le tomó por fin llegar a Estados Unidos, según me cuenta, el suceso final ocurrió en mayo de 2016; en junio de ese año, Yoenny cumplió 40 años; la promesa no.

Yoenny no ha conocido aún el sueño americano, pero a mi me tocó la fortuna de conocerlo a él.

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